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Recomendaciones de alimentación para pacientes en quimioterapia

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Por: Dr. Víctor H. Cervantes Ruiz, Gerente de Producto Alta Especialidad PROBIOMED. Julio 2019.

*El contenido de esta publicación no sustituye las recomendaciones de su médico.

La afectación psicológica y emocional que se sufre al ser diagnosticado con cáncer e iniciar el tratamiento contra la enfermedad puede provocar que se olviden otras cuestiones importantes para el mantenimiento de la calidad de vida, como las relaciones sociales y familiares, la práctica de actividad física y la alimentación saludable.[1]

Este último aspecto suele ser difícil de cumplir para muchas personas ya que, la quimioterapia ―una terapia utilizada para destruir las células cancerosas― puede provocar efectos secundarios como cambios en la percepción de los sabores de los alimentos, pérdida del apetito (anorexia), náuseas, vómitos, diarrea y debilidad. Los síntomas pueden aparecer a las pocas horas de haber iniciado el tratamiento y suelen persistir algunos días.[1][2]

El paciente en tratamiento con quimioterapia debe seguir una dieta sana y equilibrada que contenga alimentos saludables en la cantidad y frecuencia indicadas por su médico. Algunas de las recomendaciones generales son:[1]

  • Consumir 4 o 5 comidas al día. Además del desayuno, la comida y la cena es aconsejable tomar una colación a media mañana y no saltarse ninguna de las comidas. Si no se tiene mucho apetito, se pueden repartir los alimentos hasta en 7 u 8 tomas al día. En la medida de lo posible, tener hábitos y horarios de alimentación regulares para ayudar a controlar el apetito y beneficiar el buen funcionamiento del tránsito intestinal.[1]

 

  • Incluir frutas y verduras en la dieta diaria. Estos alimentos son la principal fuente de vitaminas, minerales, fibra y antioxidantes, por lo que es fundamental consumir dos o tres raciones de fruta al día e incluir verdura, ya sea cruda o cocida, en la comida y la cena.[1]

 

  • Asegurar el aporte diario de proteínas. Son especialmente importantes en la dieta de las personas con cáncer ya que de ellas depende la adecuada reparación de los tejidos y el buen mantenimiento del sistema inmunitario. Un déficit de ellas puede retrasar la recuperación y aumentar el riesgo de infecciones.[1]


Por tanto, se recomienda incorporar en la dieta diaria como mínimo dos raciones de alimentos ricos en proteínas como huevo, pescado, mariscos, carne blanca (pollo o conejo) y carne roja (ternera, cerdo, cordero, etc). Debe darse prioridad a la carne frente a sus derivados como las salchichas o las hamburguesas, ya que suelen tener un contenido elevado de grasa. Otros alimentos altos en proteínas son el yogurt, el queso, los frutos secos, el jamón cocido o el de pavo y las legumbres.[1]

En el caso de pacientes vegetarianos, es necesario planificar bien la alimentación y recibir asesoría de un experto para evitar posibles deficiencias de nutrientes; las proteínas, los minerales como el hierro y el zinc y las vitaminas D y B12 son imprescindibles durante el tratamiento del cáncer.[1]

  • Garantizar la energía necesaria para el cuerpo. A menos que se haya contraindicado por alguna condición particular, se recomienda consumir alimentos ricos en carbohidratos como los cereales y granos (trigo, maíz, avena y arroz) y sus derivados (pasta, pan y harinas), los tubérculos (papa, camote, yuca) y las legumbres (garbanzos, lentejas, frijoles, alubias, habas, etc). Debido a su elevado valor nutritivo, se aconseja comer estas últimas dos o tres veces por semana.[1]

 

  • Mantener una correcta hidratación. Las personas que reciben tratamiento contra el cáncer deben mantenerse bien hidratadas para soportar mejor los tratamientos de quimioterapia. Por ello, es recomendable asegurar la ingesta de dos litros de agua (7-8 vasos) diariamente. La mejor opción es el agua simple, pero también pueden hidratarse con agua mineral, tés e infusiones, caldos y, de vez en cuando, zumos y licuados de fruta y/o vegetales. Por su alto contenido en azúcar, es conveniente eliminar el consumo de refrescos, jugos comerciales y otras bebidas azucaradas.[1]

 

  • Priorizar las preparaciones sencillas y las cocciones con poca grasa. Las cocciones suaves y que requieren menos grasa como el hervido y el vapor habitualmente son de mejor digestión. Cocinar o aderezar preferentemente con aceite de oliva extra virgen.[1]

 

  • Limitar el consumo de alcohol y reducir el consumo de alimentos ricos en azúcares añadidos, grasas saturadas y sal. Productos como los panecillos y pasteles industrializados, botanas, golosinas o refrescos aportan más grasa, sal y/o azúcar y menos nutrientes esenciales de los que el cuerpo necesita. Por tanto, es preferible evitarlos o comerlos de manera ocasional.[1]

 

  • Comer en compañía. Se recomienda comer en familia o con amigos y, en medida de lo posible, consumir los mismos productos y platillos para ayudar al paciente a sentirse relajado, disminuyendo el estrés y la sensación de sentirse enfermo.[1]

 

Si a lo anterior le sumamos actividad física regular (adaptada a las posibilidades de cada uno) el resultado será el mantenimiento de un estado nutricional y físico lo más óptimo posible, necesario para afrontar las diferentes fases de la enfermedad y el tratamiento.[1]

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[1] Fundación Alicia y el Institut Català d’Oncologia. (2015). Recomendaciones Generales sobre la alimentación durante el tratamiento del cáncer. Mayo 2019, de Asociación Española Contra el Cáncer Sitio Web
//ico.gencat.cat/web/.content/minisite/ico/ciutadans/documents/arxius/Guia-1.-REcomendaciones-Generales_CAST.pdf

[2] Equipo de redactores y equipo de editores médicos de la Sociedad Americana Contra El Cáncer. (abril 17, 2016). Efectos secundarios de la quimioterapia. Mayo 2019, de American cáncer society Sitio web: //www.cancer.org/es/tratamiento/tratamientos-y-efectos-secundarios/tipos-de-tratamiento/quimioterapia/efectos-secundarios-de-la-quimioterapia.html